Estado de la cuestión y resultados esperables

El equipo de investigación del proyecto presentado posee experiencia previa en el análisis del papel que juega la colaboración tecnológica y la participación en redes globales de innovación, así como en el estudio de los determinantes del crecimiento económico y desigualdades y en cuestiones relacionadas con el mercado laboral. Es en base a dicha experiencia que se presentan a continuación el estado de la cuestión y, en base a ello, los principales resultados que se esperan obtener en relación a cada uno de los objetivos planteados en el apartado anterior.

  1. Análisis del déficit en colaboración tecnológica de las empresas españolas y hasta qué punto puede estar explicando sus bajos niveles innovadores, especialmente en el caso de las PYMEs en los momentos de crisis económica.

El creciente interés por parte de los académicos en torno al estudio de la colaboración tecnológica se debe principalmente a la creciente importancia económica del tema (entre otras revisiones de la literatura cabe citar las de Hagedoorn et al. 2000, Caloghiour et al 2003, Sena 2004 y más recientemente Silipo 2008). Las alianzas en actividades de innovación entre empresas han crecido exponencialmente en las últimas décadas y es probablemente por ello que un buen número de estudios buscan comprender los principales beneficios que se pueden conseguir de la participación en redes de innovación. La respuesta está en alguna característica básica de las actividades de innovación que hacen que la colaboración sea una oportunidad y un atractivo. En primer lugar porque la innovación se halla sujeta a un importante grado de incertidumbre (Erkal and Piccinin 2010). En segundo lugar, porque la actividad innovadora es imperfectamente apropiable, de forma que sus resultados pueden ser explotados parcial o totalmente por agentes que no han realizado la inversión en innovación, reduciéndose el incentivo a innovar (Arrow 1959, Nordhaus 1962). Y en tercer lugar, por el elevado coste asociado a las actividades relacionadas con la innovación. Ante esto, la colaboración en innovación puede resolver en parte los problemas mencionados, si bien el efecto puede ser diferente según el tamaño de la empresa.

Asimismo, a pesar de la creciente atención que se presta al papel de las PYMEs y de la innovación, sigue siendo un área poco investigada (Edwards et al 2005, O’regan et al 2006). En el trabajo de Hewitt y Dundas (2006) se apunta a que la falta de socios externos fue una de los obstáculos para la realización de innovaciones de producto en el caso de las PYMEs. Si bien existe literatura previa que enfatiza el papel de las alianzas de colaboración en innovación como alternativas a actividades de innovación propias (Love y Roper, 1999; Rogers, 2004; Nieto y Santamaria, 2007), se observa como necesario el análisis del papel que las redes de innovación pueden jugar como posible determinante de la capacidad innovadora de las PYMEs (Edwards 2005). Los trabajo previos en los que se ha analizado tal cuestión tienden a concluir que la colaboración tecnológica con agentes externos a la empresa lleva a mejorar la capacidad innovadora y el resultado innovador de las empresas de pequeño tamaño en mayor medida que las grandes, permitiendo reducir la brecha innovadora existente entre ambos tipos de empresa (Feldman 1994 para el caso norteamericano, Audretsch and Vivarelli 1996 para Italia y Nieto y Santamaria 2007 para España si bien su análisis acaba en el período 2002).

En el presente proyecto pretendemos estudiar en qué medida la participación en redes de innovación locales y globales resulta ser un mecanismo útil para las empresas a fin de mejorar la capacidad de innovación especialmente en el contexto resultante de la Gran Recesión en España, y si existen diferencias en los retornos que se extraen de dichas redes según el tamaño empresarial. La hipótesis de partida es que las colaboraciones tecnológicas pueden convertirse en un factor crítico para las empresas más pequeñas, permitiendo reducir la brecha innovadora que las separa de las empresas de mayor tamaño, cuestión que podría resultar más necesaria en época de crisis, en que a las pequeñas empresas les resulta más difícil encontrar los recursos necesarios para innovar.

  1. Estudio de los principales determinantes de la colaboración tecnológica desagregando según el alcance geográfico de la misma (local vs global) así como diferenciando los momentos de expansión y de recesión. Todo ello a fin de profundizar en la comprensión de los problemas y la menor propensión que genéricamente tienen las PYMEs de innovar y de participar en colaboraciones tecnológicas.

La literatura previa ha examinado diversos aspectos de la colaboración en innovación, tales como sus efectos en el resultado innovador (Miotti and Sachwald 2003, Belderbos et al. 2004a, Veugelers y Cassiman 2005, Lööf and Broström 2008 y Aschhoff and Schmidt 2008, obteniéndose evidencia empírica a favor del impacto de la colaboración tecnológica en el resultado innovador empresarial) o los determinantes de dicha colaboración. Sin embargo, pocos estudios se han centrado en la heterogeneidad en las motivaciones de dicha colaboración de acuerdo a sus diversas características. El aspecto que más se ha analizado se centra en el estudio de los diferentes determinantes de la colaboración atendiendo a los diferentes tipos de socios (proveedores, clientes, competidores, centros de investigación, universidades y empresas del grupo). Sin embargo, en los casos en los que tal heterogeneidad ha sido tenida en cuenta (Tether, 2002; Miotti y Sachwald, 2003; López, 2008; Arranz y Fdez. de Arroyabe, 2008; Segarra-Blasco y Arauzo-Carod, 2008; Abramovsky et al, 2009), los trabajos tienen en común que tratan estas diferentes estrategias de cooperación como independientes, sin tener en cuenta la posible correlación entre ellas (ver Belderbos et al., 2004b, como una excepción).

En este proyecto, por lo tanto vamos a estudiar cómo las motivaciones para la realización de acuerdos de colaboración en innovación pueden diferir según el alcance de la colaboración (local versus global), de forma separada para grandes y pequeñas empresas, a la vez que se controlará por la posible correlación entre dichas estrategias de cooperación. De este modo, se pretende entender mejor por qué las PYMEs son poco proclives a emprender actividades de colaboración tecnológica tanto a nivel local como global y, en caso de hacerlo, cuáles son las sus principales motivaciones. En concreto, se pretende conocer la variabilidad en los determinantes de la colaboración para distinto alcance geográfico de la misma, teniendo en cuenta la simultaneidad que suele acontecer (la mayoría de empresas forma parte de redes de distinto alcance simultáneamente), y de forma desagregada para los diferentes tamaños empresariales y diferentes niveles tecnológicos de los sectores a los que pertenecen las empresas. Ello puede permitir diseñar políticas de innovación concretas para fomentar las redes de innovación.

  1. Estudio del impacto diferenciado que la dimensión geográfica de las redes de innovación puede tener en el rendimiento innovador de las empresas españolas.

Existe literatura previa que presenta estudios para un solo país sobre el impacto de los acuerdos de innovación nacionales e internacionales (Miotti y Sachwald, 2003; Cincera et al, 2003; Lööf, 2009; Arvanitis y Bolli, 2013). Una conclusión común en todos ellos es que la colaboración internacional supone un efecto claramente significativo y positivo sobre el resultado innovador de las empresas, mientras que en el caso de la cooperación nacional el resultado no es tan evidente. En nuestro proyecto extendemos este tipo de análisis a la consideración de una mayor desagregación del ámbito geográfico de las alianzas internacionales para explorar el efecto de la colaboración tecnológica con socios situados en diferentes áreas geográficas. En concreto, para el conocimiento que viene del extranjero, diferenciamos entre las colaboraciones mantenidas con socios europeos y con socios en zonas más alejadas (Estados Unidos, China, India u otros países).

Nuestra hipótesis de partida considera que estas zonas más distantes proporcionan conocimientos menos redundantes respecto a los ya existentes (Hoang y Rothaermel 2005), permitiendo aumentar la creatividad y la innovación en mayor medida que en el caso intra-Europeo (Boschma y Iammarino, 2009). Además, la colaboración con partners en países lejanos permite a las empresas acceder a un mayor conocimiento de las características del mercado extranjero y así adaptarse mejor a ellas (Lavie y Miller, 2008). La cooperación con socios transoceánicos puede tener una influencia mayor cuando las empresas llevan a cabo investigaciones en la frontera tecnológica, debido a la complementariedad de los recursos de los socios extra-UE con los de las empresas europeas (Miotti y Schawald 2003; Arvanitis 2012), por lo que este tipo de cooperación esperamos que pueda ser más eficiente en términos del resultado innovador, especialmente en el caso de innovaciones más radicales y no únicamente incrementales.

  1. Determinar el efecto de la diversidad tecnológica de las redes de innovación en la generación de nuevo conocimiento.

La literatura de la geografía económica ha centrado su atención en la importancia de los vínculos extra-regionales, entre ellos la colaboración tecnológica, como una forma de evitar la cerrazón regional (“regional lock-in”, Bathelt et al 2004), pero sólo escasamente se ha centrado en analizar qué tipo de vínculos extra-regionales pueden ser de mayor importancia a la hora de generar nuevo conocimiento (Boschma 2004). Nos tenemos que remitir a las teorías de las economías de aglomeración y diversificación (Glaeser et al 1992, Henderson et al 1995) para poder tener argumentos trasladables a la economía de la innovación. Así el debate durante más de una década se ha centrado en saber si es la especialización regional (externalidades de localización o tipo MAR) o la diversidad regional (externalidades de tipo Jacobs) las que inducen los spillovers o externalidades de conocimiento, y en consecuencia el crecimiento regional (van Oort 2004). Sin embargo, a finales de la primera década del nuevo siglo, surgieron varios trabajos que alertaban que esta literatura ha obviado una cuestión clave. Tal como señalan Frenken et al (2007) y Boschma y Iammarino (2009) lo importante no es tener o no una economía diversificada, sino más bien una economía que englobe actividades relacionadas en términos de competencias que induzcan a la generación de spillovers de conocimiento. Es por ello, que resulta necesario distinguir entre la variedad relacionada y la variedad no relacionada. Se define la variedad relacionada como los sectores que están relacionados en términos de competencias complementarias o compartidas (no definido en términos de vínculos input-output sino desde el punto de vista cognitivo). Es decir, cierto grado de proximidad cognitiva es necesaria para asegurar una comunicación efectiva y que la interacción pueda surgir, pero sin ser demasiado extrema para evitar el lock-in cognitivo (Noooteboom 2000). Por el contrario, la variedad no relacionada cubriría sectores que no comparten competencias complementarias. Varios trabajos han analizado el papel de la variedad relacionada y no relacionada (Boschma y Iammarino 2009, Boschma et al 2012, Mameli et al 2012, Boschma et al 2014, Castaldi et al 2013, Tavassoli y Carbonara 2014) si bien ninguno de ellos se centra en la importancia de la variedad tecnológica en el caso de la colaboración tecnológica.

Trasladado al ámbito de la colaboración tecnológica, parece razonable pensar que la proximidad cognitiva entre el conocimiento extra-regional y la base de conocimientos de la región no debe ser ni demasiado pequeña (evitando el lock-in, es decir, evitando que la información sea redundante) ni demasiado grande (para que permita la absorción del conocimiento extra-regional). A priori, la variedad en el conocimiento que llega a través de las redes de innovación parece que debiera tener un impacto positivo siempre que dicha variedad esté relacionada con la propia base tecnológica de la región, a fin de generar nuevas ideas que permitan incrementar la innovación. Sin embargo, si bien las tecnologías relacionadas son más fácilmente recombinadas, no aportan un conocimiento radicalmente nuevo y por tanto supondrían mayores innovaciones incrementales pero no radicales. Mientras que la “variedad no relacionada” implicaría la conexión de tecnologías previamente no relacionadas que pueden llevar más fácilmente a la consecución de innovaciones radicales. Resulta necesario aportar evidencia robusta en torno a dichas hipótesis a fin de poder proporcionar a los responsables políticos evidencia para orientar el apoyo a las actividades que ponen en relación conocimientos de diferentes regiones/países. Además, se pretende analizar qué tipo de variedad tecnológica puede hacer que las empresas sean más resistentes a las épocas de recesión.

  1. Analizar el efecto diferenciado de la participación en redes de innovación locales y globales según las características socio-económicas de las regiones.

La actividad innovadora se encuentra altamente concentrada en ciertos territorios, tal como se ha documentado tanto en el caso Europeo (Rodríguez-Pose y Crescenzi, 2008) como en el norteamericano (Feldman 1994), lo que parece señalar a ciertos factores territoriales como claves en el éxito innovador. De hecho, existe un amplio consenso en la literatura en torno a la importancia de algunas condiciones previas territoriales para crear conocimiento e innovación y convertirlos en crecimiento; en general, se da por sentado que si una región produce conocimiento, será capaz de convertirla en innovación. Sin embargo, en un trabajo reciente de Capello y Lenzi (2014) se muestra que conocimiento (nuevas ideas) y la innovación (comercialización de dichas nuevas ideas) son dos importantes motores de crecimiento económico, si bien poseen un impacto heterogéneo a nivel espacial. En particular, los beneficios en términos de crecimiento que se derivan del conocimiento parecen bastante selectivos y se hallan concentrados en el espacio, mientras que los beneficios generados por la innovación parecen estar más extendidos. Existen regiones innovadoras en ausencia de una sólida base de conocimiento local que parecen tener tanto éxito innovador como regiones mucho más intensivas en conocimiento, posiblemente mediante la explotación de conocimiento informal local y/o externalidades de conocimiento. Uno de los mecanismos que puede generar dichas externalidades (pecuniarias) de conocimiento es, precisamente, la colaboración tecnológica y, por tanto, si la innovación tiene un patrón territorial claro, es de esperar que la colaboración tecnológica también lo posea.

La idea subyacente de que la cooperación tecnológica puede no tener un impacto homogéneo en todas las regiones, dando resultados diferentes en términos de generación de innovación y de crecimiento económico posterior es una cuestión importante desde el punto de vista político, tanto a nivel nacional como Europeo. Un objetivo fundamental de la European Research Area es reducir la amplia variación regional en el rendimiento de la investigación y la innovación (Comisión Europea, 2012). La política de innovación europea, especialmente a nivel de empresa, se ha centrado en incentivar el aumento de los gastos en I+D, independientemente de las características de las empresas y de las zonas en las que se ubican. Sin embargo, si los rendimientos de los esfuerzos en I+D, en términos de resultado innovador, distan de ser homogéneos entre regiones, y los mayores resultados se obtuvieran en zonas de un nivel económico elevado, dichas políticas de innovación estarían aumentando las diferencias regionales existentes en la UE. Por tanto, resulta necesario obtener evidencia de hasta qué punto las políticas de innovación de la UE pueden estar aumentando las desigualdades regionales en Europa y detectar qué tipo de medidas pueden ser más proclives a reducir tales brechas. En nuestra opinión, esto se contradice con la política de tipo “one-size fits all” que puede inferirse de las Agendas de Lisboa 2000 y de la Europa 2020 (Camagni y Capello, 2013). Si los rendimientos de las redes de innovación son significativamente diferentes según el tipo de región, las políticas destinadas a fomentar este tipo de fenómenos – por ejemplo, los Programas Marco de la UE – deberían redefinirse y adaptarse a las especificidades de cada región – que es precisamente en el corazón de la estrategia de “Smart specialisation” (McCann and Ortega-Argilés, 2013).

  1. Estudiar en qué medida la innovación en general, y la realizada mediante redes de innovación en particular, favorece la internacionalización de la empresa española.

Existe amplia evidencia acerca de la conexión entre productividad e internacionalización empresarial en general, y con la actividad exportadora de la empresa en particular (Bernat et al, 2003; Melitz, 2003). Asimismo, es abundante la literatura que ha destacado la influencia positiva que ejerce la innovación sobre la productividad y también sobre la actividad exportadora. En este último aspecto varios trabajos de la literatura reciente (por ejemplo Bernard and Jensen, 2004) han mostrado cómo, respecto a las no exportadoras, las empresas exportadoras son más grandes, más productivas, emplean más capital físico y humano, y tienden a formar parte de grupos empresariales de carácter internacional. Pero además, las empresas exportadoras innovan más, en el sentido de que realizan un mayor esfuerzo de I+D e implementan más innovaciones. De hecho, la literatura ha confirmado el efecto positivo de la innovación sobre la actividad exportadora de la empresa (Basile, 2001; Nassimbeni, 2001; Roper y Love, 2002; Nguyen et al, 2008; Caldera, 2010; Cassiman y Golovko, 2011), aunque ha resaltado también que no todos los tipos de innovación ejercen el mismo efecto, siendo mayor el de las innovaciones de producto que las de proceso.

La literatura empírica que hasta el momento ha analizado el vínculo innovación-exportación empresarial proporciona evidencia sólida a favor de la self-selection, es decir de una relación causal de la innovación hacia la exportación (Basile, 2001; Nassimbeni, 2001; López y García, 2005; Cassiman et al, 2010). Por su parte, la evidencia favorable al learning-by-exporting es menos contundente, aunque algunos de los estudios más recientes que han tratado con detalle la endogeneidad sugieren también la existencia de un efecto causal de la exportación hacia la innovación (Aw et al, 2007; Bustos, 2011; Bratti y Felice, 2012).

En este contexto, el proyecto realizará un análisis actualizado para la relación entre innovación e internacionalización de las empresas españolas, con un mayor énfasis en la actividad exportadora aunque también considerando su efecto sobre la inversión directa en el extranjero. En concreto, se contrastará la hipótesis de que desde el inicio de la Gran Recesión, la innovación ha aumentado su importancia como determinante fundamental de la internacionalización de la empresa española. Asimismo, en este apartado se contrastará si la participación en redes de innovación ejerce una influencia positiva sobre la actividad exportadora, a través de un efecto sobre la calidad y relevancia de la innovación realizada. Finalmente, el análisis investigará si el efecto de la innovación sobre la internacionalización de la empresa española resulta heterogéneo a través de diversas dimensiones, según el tamaño empresarial, según la región donde la empresa está localizada, y según el tipo de sector. La utilización de información procedente de la base de datos EU-EFIGE permitirá también realizar una comparación con algunos otros estados miembros de la UE.

  1. Cuantificar el impacto de la innovación sobre el empleo cualificado y no cualificado, considerando tanto canales directos como indirectos, y distinguiendo por tipo de innovación. También se pretende analizar el posible impacto sobre el gap salarial entre trabajadores cualificados y no cualificados y, en relación con ello, sobre la desigualdad de ingresos en España.

Un incremento de la actividad innovadora por parte de las empresas no garantiza de manera inmediata un efecto positivo sobre el empleo. El efecto de la innovación y el correspondiente cambio tecnológico sobre el empleo, y de manera más genérica sobre el mercado de trabajo, ha sido analizado en diferentes trabajos académicos (véase Harrison et al., 2014 para un resumen de la literatura recientemente). Brevemente, la literatura ha encontrado que la innovación y el cambio tecnológico tienen un efecto directo negativo sobre el empleo dado que reducen la demanda de empleo de baja o media cualificación. Sin embargo, la innovación puede estimular la ocupación de manera indirecta ya que las mejoras de productividad y reducción de costes asociadas a dicha actividad pueden permitir a las empresas reducir sus precios, lo que las hace más competitivas y por tanto la demanda de trabajo puede aumentar como consecuencia de la mayor demanda del producto. Sin embargo, el efecto final depende del tipo de innovación objeto de estudio distinguiendo básicamente entre innovaciones de producto e innovaciones de proceso, pero también del sector en qué se produce (alto componente tecnológico en relación a medio-bajo).

En este contexto, nuestro análisis toma como referencia las tres teorías existentes sobre el impacto de la innovación sobre el empleo: SBTC (Skill biased technical change), SBOC (Skill biased Organisation Change) y la “routinization hypothesis”. La primera de las teorías argumenta que la innovación y el cambio tecnológico aumentan la demanda relativa de trabajadores cualificados y, por tanto aumentan el gap salarial entre trabajadores con distintos niveles de estudios. La segunda teoría argumenta que las actividades de innovación frecuentemente requieren un cambio organizativo (HPWP – High Performance Work Practices) que incrementa la demanda de trabajadores con determinadas cualificaciones y competencias que no necesariamente se corresponden con los niveles de estudio. Por último, la tercera teoría predice que el impacto será distinto en función del tipo de trabajo realizado y no tanto de los niveles de estudio. Así, las innovaciones tecnológicas pueden ser complementarias, sustitutivas o neutras al factor trabajo según el nivel de cualificación, pero en ningún caso de manera lineal. En concreto, argumenta que existen tareas no rutinarias de baja cualificación que, sin embargo, son de difícil sustitución por la tecnología y que de manera similar a lo que ocurre con las tareas muy cualificadas se trata de ámbitos donde existe una complementariedad con los avances tecnológicos y, por tanto, posibles incrementos de productividad. En cambio, hay innovaciones que pueden ser sustitutivas de puestos de trabajo de nivel intermedio, lo que conllevaría un aumento de la desigualdad salarial. Así pues, resulta necesario avanzar en el conocimiento de los canales a través de los cuáles un aumento de la actividad innovadora puede tener sobre el empleo tanto a nivel de empresa (por ejemplo, como consecuencia de un aumento de la actividad innovadora y del posible cambio organizativo derivado del mismo) como a nivel agregado dado que es importante valorar si el efecto directo predomina sobre el indirecto.

Por último, un aumento de la capacidad innovadora puede tener un impacto asimétrico sobre la demanda de trabajo y, por tanto, afectar sustancialmente a la desigualdad salarial entre distintos tipos de trabajadores. Además, como los salarios son la principal fuente de ingresos para la práctica totalidad de hogares de nuestro país, un notable aumento de la actividad innovadora podría influir sobre el nivel de desigualdad en ingresos. De hecho, si de acuerdo con las teorías expuestas anteriormente, un aumento de la capacidad innovadora y de la intensidad del cambio tecnológico acaba traduciéndose en una polarización de los puestos de trabajo, también aumentaría la desigualdad salarial y de ingresos. Este aspecto sólo ha sido analizado recientemente por Lee y Rodríguez-Pose (2013) quienes encuentran que un aumento de la capacidad innovadora se ha traducido en un aumento de la desigualdad en las regiones europeas, mientras que para Estados Unidos no se observa dicha relación. Los autores lo atribuyen al menor grado de flexibilidad y a la menor intensidad migratoria en el mercado de trabajo europeo en relación al americano. Hasta donde sabemos, este aspecto no ha sido estudiado hasta el momento en el caso particular de la economía española.

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